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<channel><title><![CDATA[Sim&oacute;n Pachano - Libros comentados]]></title><link><![CDATA[http://www.simonpachano.com/libros-comentados]]></link><description><![CDATA[Libros comentados]]></description><pubDate>Wed, 08 Apr 2026 01:20:06 -0700</pubDate><generator>Weebly</generator><item><title><![CDATA[Individuo, sociedad, crimen y justicia]]></title><link><![CDATA[http://www.simonpachano.com/libros-comentados/individuo-sociedad-crimen-y-justicia]]></link><comments><![CDATA[http://www.simonpachano.com/libros-comentados/individuo-sociedad-crimen-y-justicia#comments]]></comments><pubDate>Tue, 02 Mar 2021 19:54:40 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.simonpachano.com/libros-comentados/individuo-sociedad-crimen-y-justicia</guid><description><![CDATA[ Calle Este-OestePhilippe SandsPublicitado como novela, este libro forma parte m&aacute;s bien de un g&eacute;nero de dif&iacute;cil clasificaci&oacute;n que abarca la biograf&iacute;a, el relato hist&oacute;rico, la historia, el ensayo y, s&iacute;, por supuesto, la narrativa literaria. Una ciudad, un abuelo y tres hombres en un trasfondo de guerra son los elementos que le sirven a Philippe Sands para entrelazar historias personales con los peores horrores a los que puede llegar la humanidad y  [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<span class='imgPusher' style='float:left;height:0px'></span><span style='display: table;width:auto;position:relative;float:left;max-width:100%;;clear:left;margin-top:0px;*margin-top:0px'><a><img src="http://www.simonpachano.com/uploads/2/1/4/3/21439124/published/calle-este-oeste.jpg?250" style="margin-top: 10px; margin-bottom: 10px; margin-left: 0px; margin-right: 10px; border-width:0; max-width:100%" alt="Imagen" class="galleryImageBorder wsite-image" /></a><span style="display: table-caption; caption-side: bottom; font-size: 90%; margin-top: -10px; margin-bottom: 10px; text-align: center;" class="wsite-caption"></span></span> <div class="paragraph" style="display:block;"><strong><font size="3" color="#3387a2">Calle Este-Oeste</font></strong><br /><strong><font color="#2a2a2a">Philippe Sands</font></strong><br /><br /><font color="#2a2a2a">Publicitado como novela, este libro forma parte m&aacute;s bien de un g&eacute;nero de dif&iacute;cil clasificaci&oacute;n que abarca la biograf&iacute;a, el relato hist&oacute;rico, la historia, el ensayo y, s&iacute;, por supuesto, la narrativa literaria. Una ciudad, un abuelo y tres hombres en un trasfondo de guerra son los elementos que le sirven a Philippe Sands para entrelazar historias personales con los peores horrores a los que puede llegar la humanidad y la b&uacute;squeda de justicia.&nbsp;<br /><br />La ciudad es Lviv, Lw&oacute;w, Lvov, Lemberg o Ler&oacute;polis, la Ciudad de los Leones. Las idas y vueltas en el nombre dan cuenta de los cambios que debi&oacute; sufrir o, con mayor precisi&oacute;n, que debieron sufrir sus habitantes. No fueron los cambios naturales de una ciudad, con edificios que reemplazan a las casas, calles y barrios que se van a&ntilde;adiendo o vecinos cercanos que llegan a asentarse. Fueron cambios completos de poblaci&oacute;n y, sobre todo, cambios de su pertenencia a un pa&iacute;s u otro. En la Edad Moderna, despu&eacute;s de haber sido la capital del reino medieval de Galitzia, fue parte de </font><span style="color:rgb(42, 42, 42)">la fugaz Polonia independiente</span><font color="#2a2a2a">, form&oacute; parte del Imperio Austroh&uacute;ngaro, fue copada por el III Reich alem&aacute;n y termin&oacute; en Ucrania. Solamente entre 1914 y 1945 sufri&oacute; ocho cambios de adscripci&oacute;n, todos ellos hechos a espaldas -y a costa de la vida- de la mayor&iacute;a de sus habitantes. Como organismo vivo, la ciudad no tuvo tiempo de adaptarse a su medio.<br /><br />En esa ciudad se origina y se centra el relato, porque es en donde se cruzan las vidas de los cuatro personajes centrales. Le&oacute;n Buchholz, el abuelo de Sands, nacido all&iacute; debe haberse cruzado en las calles o en las cafeter&iacute;as con Hersch Lauterpacht y Rafael Lemkin que fueron llevados desde pueblos cercanos por sus familias. El cuarto, Hans Frank solamente estuvo de paso en la ciudad, pero no fue necesaria su presencia para que los hombres bajo su mando,&nbsp;</font><span style="color:rgb(42, 42, 42)">en su condici&oacute;n de gobernador de la Polonia ocupada,</span><font color="#2a2a2a"> acaben con m&aacute;s de un tercio de la poblaci&oacute;n. El abuelo y los dos estudiantes de derecho, los tres jud&iacute;os, salvaron sus vidas al salir a tiempo de la ciudad y de la zona, pero casi todos los integrantes de sus respectivas familias fueron aniquilados.<br /><br />La barbarie del holocausto es vista desde los ojos de las v&iacute;ctimas y del verdugo. Convencido del destino grandioso del Reich que durar&iacute;a tres mil a&ntilde;os, este &uacute;ltimo no tuvo reparo en llevar un minucioso diario (que incluso hizo mecanografiar diariamente), en el que consignaba sus acciones y sus pensamientos. El ser un brillante abogado no lo eximi&oacute; de rendirse a los pies de Hitler y de aferrarse a su doctrina de la superioridad racial. Convencido de la validez de sus creencias, en su fuga despu&eacute;s de la ca&iacute;da de Berl&iacute;n llev&oacute; consigo los treinta y ocho vol&uacute;menes de sus diarios que, finalmente, se convirtieron en valiosa prueba para los fiscales y jueces de Nuremberg.<br /><br />Lauterpacht y Lemkin compartieron profesores, pero en distintos a&ntilde;os, en la facultad de jurisprudencia de Lvov sin conocerse y sin suponer que, al final de la guerra que a&uacute;n no comenzaba, ambos desempe&ntilde;ar&iacute;an un papel fundamental en la construcci&oacute;n de la justicia internacional. Aunque manten&iacute;an concepciones radicalmente diferentes acerca del sujeto al que deb&iacute;a proteger el derecho supranacional, ambos compart&iacute;an la idea b&aacute;sica de que este deb&iacute;a situarse por encima de las constituciones y las leyes de cada pa&iacute;s. Lauterpacht sosten&iacute;a que la legislaci&oacute;n internacional (como la nacional) deb&iacute;a proteger al individuo, en tanto que Lemkin acu&ntilde;aba el t&eacute;rmino <em>genocidio</em>, para tipificar los cr&iacute;menes que se realizan en contra de conjuntos sociales por el hecho de ser tales. <br /><br />Sin que sean excluyentes (como lo demuestra actualmente la legislaci&oacute;n de la mayor parte de los Estados de derecho, que tiene como base la protecci&oacute;n individual pero reconoce tambi&eacute;n la condici&oacute;n colectiva), las dos concepciones se enfrentaban por razones m&aacute;s bien t&aacute;cticas o de procedimiento. B&aacute;sicamente, Lauterpacht consideraba que al tratar a los cr&iacute;menes del nazismo como formas de genocidio se pod&iacute;a exacerbar el odio hacia los alemanes en general y caer precisamente en lo que se intentaba condenar. Ciertamente, tambi&eacute;n fue determinante la potencial reversi&oacute;n del argumento hacia los pa&iacute;ses que encabezaban el tribunal de Nuremberg. No cab&iacute;a hacer olas que pudieran remover el pasado colonial ingl&eacute;s, la discriminaci&oacute;n racial norteamericana y la persecuci&oacute;n a las minor&iacute;as nacionales por el estalinismo sovi&eacute;tico. Lemkin debi&oacute; esperar a que la reci&eacute;n constitu&iacute;a Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas recogiera su propuesta en la Resoluci&oacute;n 56 tomada en diciembre de 1946. <br /><br />Las dos concepciones buscaban el desarrollo y el perfeccionamiento de la justicia frente a los cr&iacute;menes cometidos en nombre de los Estados. La protecci&oacute;n del individuo y la del grupo pod&iacute;an convivir, como conviven actualmente en una relaci&oacute;n que tiene un solo sentido. Todos los genocidios son cr&iacute;menes contra humanidad, pero no todos los cr&iacute;menes contra la humanidad son genocidios. Con esa apreciaci&oacute;n, la humanidad dio un enorme salto. Lauterpacht y Lemkin lograron sus objetivos y con ello pudieron rendir el homenaje final a sus familias (y a la de Le&oacute;n), a las que no volvieron a ver desde que dejaron la peque&ntilde;a ciudad de Lvov.</font><br /></div> <hr style="width:100%;clear:both;visibility:hidden;"></hr>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La libertad releída]]></title><link><![CDATA[http://www.simonpachano.com/libros-comentados/la-libertad-releida]]></link><comments><![CDATA[http://www.simonpachano.com/libros-comentados/la-libertad-releida#comments]]></comments><pubDate>Thu, 16 Mar 2017 12:16:03 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.simonpachano.com/libros-comentados/la-libertad-releida</guid><description><![CDATA[ EL hombre sin alternativaLeszek KolakovskiAlianza Editorial, Madrid, 1970Despu&eacute;s de much&iacute;simo tiempo &ndash;un tiempo que se cuenta en d&eacute;cadas, no solo en a&ntilde;os- volv&iacute; a leer los once art&iacute;culos compilados en El hombre sin alternativa. Una vez m&aacute;s pude comprobar cu&aacute;nta raz&oacute;n tienen quienes afirman que la apreciaci&oacute;n de un libro depende de la circunstancia en que lo leemos. En realidad, a pesar de que se trate de la misma edici& [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<span class='imgPusher' style='float:left;height:0px'></span><span style='display: table;width:149px;position:relative;float:left;max-width:100%;;clear:left;margin-top:0px;*margin-top:0px'><a><img src="http://www.simonpachano.com/uploads/2/1/4/3/21439124/published/portada-el-hombre-sin.jpg?1489967192" style="margin-top: 5px; margin-bottom: 10px; margin-left: 0px; margin-right: 10px; border-width:1px;padding:3px; max-width:100%" alt="Imagen" class="galleryImageBorder wsite-image" /></a><span style="display: table-caption; caption-side: bottom; font-size: 90%; margin-top: -10px; margin-bottom: 10px; text-align: center;" class="wsite-caption"></span></span> <div class="paragraph" style="display:block;"><strong><font size="4" color="#5848b7">EL hombre sin alternativa</font><br /><font color="#9789e8">Leszek Kolakovski<br />Alianza Editorial, Madrid, 1970</font><br /><br />Despu&eacute;s de much&iacute;simo tiempo &ndash;un tiempo que se cuenta en d&eacute;cadas, no solo en a&ntilde;os- volv&iacute; a leer los once art&iacute;culos compilados en <em>El hombre sin alternativa</em>. Una vez m&aacute;s pude comprobar cu&aacute;nta raz&oacute;n tienen quienes afirman que la apreciaci&oacute;n de un libro depende de la circunstancia en que lo leemos. En realidad, a pesar de que se trate de la misma edici&oacute;n, el mismo ejemplar con los subrayados y las anotaciones del momento, su contenido ya no es el mismo. En la nueva lectura, el lector lo reescribe.</strong><br />&nbsp;<br /><strong>Esa reescritura comienza con el ejercicio de volver en el tiempo, lo que exige recordar los intereses que me llevaron a la primera lectura y las condiciones en que realic&eacute; esta. Fue en los agitados a&ntilde;os setenta, en el Chile de Salvador Allende. All&iacute;, mientras se debat&iacute;a apasionadamente sobre el dif&iacute;cil momento que se viv&iacute;a, hab&iacute;a tiempo tambi&eacute;n&nbsp;para debatir -y sobre todo la necesidad de hacerlo- sobre principios y utop&iacute;as. Alimentados por la reciente experiencia del mayo franc&eacute;s y de otros eventos que sacudieron al mundo, busc&aacute;bamos fervorosamente respuestas a las inquietudes que ya no pod&iacute;an ser satisfechas con los dogmas largamente conservados por la izquierda. En ese contexto, el invalorable maestro y gran amigo Federico Garc&iacute;a nos gui&oacute;, a quienes &eacute;ramos sus alumnos, hacia la lectura de este libro. La visi&oacute;n cr&iacute;tica del marxismo, que ven&iacute;amos buscando con nuestros escasos instrumentos, encontr&oacute; un punto de afianzamiento en estos art&iacute;culos. Por ello, no exagero si digo que para muchos de nosotros fue una lectura que marc&oacute; un antes y un despu&eacute;s.</strong><br />&nbsp;<br /><strong>El libro fue publicado por Alianza Editorial en 1970, pero los art&iacute;culos que lo conforman fueron escritos entre 1956 y 1959. Era el momento de la tibia desestalinizaci&oacute;n que creaba expectativas de apertura democr&aacute;tica en los pa&iacute;ses de la &oacute;rbita sovi&eacute;tica. Por ello, un eje transversal del conjunto de art&iacute;culos es el debate marxista sobre la construcci&oacute;n de un r&eacute;gimen alternativo al capitalismo. La posibilidad de reformas internas que pudieran llevar a la democratizaci&oacute;n es una tensi&oacute;n que est&aacute; presente en esos textos. Sin embargo, es evidente el pesimismo de Kolakovski que anuncia, como se pudo comprobar casi dos d&eacute;cadas despu&eacute;s, que esa alternativa solamente era posible con la abolici&oacute;n total del r&eacute;gimen.</strong><br />&nbsp;<br /><strong>La relectura tiene mucha importancia en este aspecto porque es un tema que ha vuelto a cobrar importancia en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Como si no hubiera colapsado el socialismo real, se lo ha colocado nuevamente sobre la mesa con la irrupci&oacute;n de fuerzas pol&iacute;ticas que gen&eacute;ricamente se enmarcan en los socialismos del siglo XXI. El libro nos sit&uacute;a en la Polonia de los a&ntilde;os cincuenta, que luchaba por la abolici&oacute;n del r&eacute;gimen autoritario, pero a la vez nos pone frente a nuestro propio tiempo, en que han retornado muchas de las ideas que se buscaba sepultar en aquella lucha de hace m&aacute;s de medio siglo. Leer a Kolakovski puede ser una dolorosa comprobaci&oacute;n de los retrocesos de la historia, pero tambi&eacute;n nos da los instrumentos apropiados para enfrentarlos.</strong><br /><br /><br /><strong>Cada uno de los art&iacute;culos gira en torno al tema de la libertad individual frente al Estado y de la responsabilidad de este hacia la sociedad. Es una tensi&oacute;n que nunca dejar&aacute; de tener actualidad. En estricto sentido, la obra de Kolakovski es un alegato sobre la libertad individual, en una tensi&oacute;n entre el marxismo y el liberalismo. Aunque nunca aparece planteada de esa manera, sin duda esa es su preocupaci&oacute;n. Obviamente, no fue esa mi percepci&oacute;n en aquellos a&ntilde;os de la primera lectura, pero s&iacute; encuentro en las anotaciones al margen la preocupaci&oacute;n por la eterna contraposici&oacute;n entre los derechos de la persona y la acci&oacute;n del Estado (m&aacute;s que la acci&oacute;n, ahora me preocupan los l&iacute;mites de este &uacute;ltimo). Es un intento, muy temprano en el tiempo, de superar la lectura doctrinaria del marxismo y de buscar alternativas dentro del propio pensamiento de izquierda. Ahora lo veo como la contraposici&oacute;n con el liberalismo, que en el libro no es expl&iacute;cita, pero que est&aacute; ah&iacute;, como lo reconocer&iacute;a Kolakovski en trabajos posteriores.</strong><br /><br /><strong>Su visi&oacute;n del momento que le toc&oacute; vivir no es, de ninguna manera, ingenua ni se encierra en los aspectos coyunturales. Lo hace desde la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica y en ese sentido m&aacute;s que un testimonio del momento los art&iacute;culos son gu&iacute;as para el debate. En s&iacute;ntesis, </strong><em><strong>El hombre sin alternativa </strong></em><strong>no solo mantiene su actualidad, sino que puede convertirse en un excelente referente para el debate del momento. </strong><br /><br /><strong><strong>Pero, m&aacute;s all&aacute; de la pol&eacute;mica dentro de la izquierda, las reflexiones de Kolakovski abordan problemas universales del pensamiento pol&iacute;tico. Su preocupaci&oacute;n central es la &eacute;tica, tanto en su dimensi&oacute;n pol&iacute;tica, como en su expresi&oacute;n cotidiana. En ese sentido, su reflexi&oacute;n sobre la m&aacute;xima que justifica el uso de medios arbitrarios para la obtenci&oacute;n de fines altruistas -de origen jesuita e injustamente atribuida a Maquiavelo- constituye un aporte sustancial, especialmente en un momento como el actual en que el pragmatismo tiende a imponerse.</strong><br /><br /><strong>Es un libro que no envejece. Al releerlo bajo una circunstancia nueva, vuelve a provocar preguntas. Eso s&iacute;, cada vez m&aacute;s complejas que en la ocasi&oacute;n anterior. Las respuestas quedan, como siempre, a cargo del lector que termina por reescribir el texto.</strong></strong><br /><br /></div> <hr style="width:100%;clear:both;visibility:hidden;"></hr>]]></content:encoded></item></channel></rss>